El hábito no hace al monje

Por Sebastián Billone – En la semana hubo una charla entre los jugadores y el técnico. Había que cambiar: se hablaba de Araujo de entrada para acompañar a Vitti; de Peñalba para salir jugando, para darle la pelota a Pérez García; de un cambio de esquema, de un cambio de actitud para ir a buscar los tres puntos que se necesitaban. Pero no, a pesar de los rumores, el único cambio que vimos fue el de la camisa, saco y el corte de pelo del DT.

No hace falta decir que con eso no bastó. Todo terminó inclusive antes de empezar, cuando nos enterábamos que tanto Araujo como Peñalba, que pensábamos titulares, arrancarían en el banco de suplentes. Nuevamente, arriba estaría Vitti de manera solitaria.

Sin embargo, para los que todavía creemos en Papá Noel, la cosa podía funcionar. Enfrente, si bien estaba el puntero, no había un cuco, sino un equipo que también lucha por no descender y que no se caracteriza por dominar a sus rivales en el juego. Pero todo terminó a los dos minutos: penal, gol, y chau partido. Un equipo que no hace goles no puede dar vuelta un resultado. Seguramente alguien lo llamó a Alegre a los 10 minutos del segundo tiempo, desesperado al ver que ni siquiera en el entretiempo cambió

algo, y recién ahí se dignó a poner en cancha jugadores para empatar el partido.

Por ahí pensó que si lo empataba alcanzaba, por ahí nadie le avisó que los promedios ya pasaron a ser un problema SERIO para esta temporada y no un problema a futuro, cuando se borre la campaña de 63 puntos.

La paciencia y la ilusión ya son un punto lejano en el horizonte. Habrá que ver si alguien le lleva una calculadora al técnico, si le explican la diferencia de sumar de a tres a sumar de a uno. Es necesario que alguien le muestre la realidad en la que estamos, porque parece que ni el sastre ni el peluquero lo hicieron.

 

Por lo menos así lo siento yo.

ADELANTADO MATADOR – @Matador1MA

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